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Una pareja de bailarines aparece una mañana en el aula de un instituto de San Sebastián. Es lunes y anuncian al grupo de adolescentes que tienen cinco días para subirse a un escenario y bailar.

 

Una semana para cambiar las cosas. Un pequeño plazo. Una breve coreografía pero una gran reto: mover a las personas cuando el mundo nos paraliza.

 

La danza obliga a estos jóvenes a romper sus roles sociales justo en el momento de sus vidas en el que éstos se están afianzando. La chica guapa deja de ser la más admirada, el tímido da un paso adelante… Bailar les obliga a tocarse. Se comunican, se igualan. Alguno no se liberará hasta el último instante.

 

Wilfried Van Poppel y Amaya Lubeigt son los coreógrafos. Él holandés, ella vasca. Llegan de Bremen. Dos bailarines que ha trabajado con Pina Bausch, Susanne Linke o Urs Dietrich y que ahora han decidido trabajar con gente que jamás ha bailado. Lo hacen cada semana en Alemania pero esta vez Amaya volverá a sus orígenes después de 25 años.

 

La danza es el leguaje común. No importa el lugar. Éste es su reto: cinco días, una clase de adolescentes, un microcosmos en el que sucede un pequeño big-bang.

 

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Sigue aquí el día a día del proyecto:

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Ya son mecenas de Five days to dance:

Melanie Stainforth

José Manuel Casado

Eduardo Benetó

Marta Sanahuja

Gregorio Molés

Adam Brenes

Gema Muñiz

Fco Javier Abuja

Coro Aizarna

José Luis García

María Zulueta

Felipe Ruíz

Silvia Montoya

Isabel Canós

Núria Gabernet

Heidrun Bergander

Dana Ginevro

Gloria Martínez

Helena Sá

Jordi Andreu

José Alejandro Alberola

Amaya Orbegozo

Ody Hermens

Somos Asesores

Javier Lupe

Rosa Agost

Marta Martín

Marisol Martínez

Fernando Olivares

Virginia Lorente

Sayoa Ayerdi

Pablo Domingo de Alba

Cristina Barbero

 

 

 

Sylvia Marsal

Ana Casado

Sonja Konnecke

Ángel Garretas

Inmaculada Ferández

Angel Ardanaz

Luis Granell

Nahia Ardanaz

Marcel Reig

Alejandra Martínez

Ibon Doval

Patricia García

Maria Agirre

Alba Camañas

Amador Iranzo

Ainara

Carlos Fanjul

Arturo Peña

Nivia Lubeigt

Fernando Cueva

Johanna Klaffke

Christiane Mumperow

Hartwig Mumperow

Naia Lubeigt

Iker Ayerdi

Iker Tome

Irene Basilio

Berit Krumbein

Luis Lubeigt

Elisa Molés

Claudia Domingo de Alba

Bilbao Flamenco

Guadalupe Vilar

 

 

 

 

 

 

Rafael Molés y Pepe Andreu se asocian en este proyecto movidos por la pasión por el formato documental y por sus posibilidades expresivas y de alcance social.

A la pasión añaden su larga experiencia, de más de una década, en el mundo audiovisual. En la producción y la realización de documentales. Desde el sector público han contribuido al desarrollo de formatos poco explotados por la televisión comercial.

Ahora afrontan un proyecto personal en el que ir más allá en el lenguaje narrativo. Sin límites en las formas y sin miedos en los argumentos.

Esta asociación profesional está destinada a llevar al límite cualquier historia que merezca ser contada, cualquier realidad que necesite ser rescatada. El contenido tiene en esta unión un sentido estrictamente clásico por lo que queda engarzado con la estética. Existe un claro objetivo final, la creación de algo bello.

rafamoles@suicafilms.com

andreu@suicafilms.com

Perfil

Rafa Molés

Director

Periodista y guionista. 14 años de experiencia en el sector audiovisual y en la realización de documentales. Premio ‘Periodista del Año de la Comunidad Valenciana 2012’. Profesor en la Universidad Jaume I de Castellón. rafamoles@suicafilms.com

Pepe Andreu

Realizador

Realizador y director de reportajes y documentales. Licenciado en Ciencias de la Imagen Visual y Auditiva. Más de 15 años de experiencia en el sector audiovisual. Ha sido jefe del departamento de Promociones de RTVV. andreu@suicafilms.com

Contacto

SUICAfilms

Pasqual i Genís, 19 p.3

46002 València

+34 657 456 403

suicafilms@suicafilms.com

También puedes ponerte en contacto con nosotros por medio del siguiente formulario.

 

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Proyectos

Mujeres de Tokio

Hanako, Maki y Miyuki representan tres generaciones de mujeres. Comunes y radicales a la vez. Ellas nos descubrirán las desigualdades hombre-mujer en Japón pero, sutilmente, situarán ante nosotros un espejo.

Hanako tiene 24 años. Enciende cigarrillos, sirve bebidas y alimenta el ego masculino en un Kyabakura, uno de los locales de Tokio donde los oficinistas pagan por hablar con mujeres. Justo antes de volver con sus esposas. Sus desinhibidas conversaciones con los hombres nos mostraran la hipocresía, las frustraciones masculinas y su incapacidad para aceptar la igualdad de la mujer, a la que temen más que aman.

Maki tiene 38 años, está casada y tiene dos hijos. Es una mujer con estudios, inteligente e independiente. Hasta que se casó y tuvo a su primer hijo. Entonces se vio animada a convertirse en ama de casa. Por el día, en su edificio de apartamentos solo hay mujeres, como ella, con las que conforma una sociedad sin hombres.

Desde hace 3 años Miyuki sufre una erupción en el contorno de la boca y habla con los gatos. Tienen 64 años y le acaban de diagnosticar el Síndrome del Marido Jubilado. Dolencia que padecen algunas japonesas cuando su marido, un completo desconocido, vuelve a casa tras la jubilación.

Estas tres mujeres representan una misma. El contexto es deslumbrante. Japón, vanguardista y occidentalizado. Un espejismo de modernidad que esconde antiguas raíces de desigualdad. Quizás esa misma ilusión no nos permita ver que no somos tan diferentes.

Cinco días para danzar

Una pareja de bailarines aparece una mañana en el aula de un insituto de las afueras. Es lunes y anuncian al grupo de adolescentes que tienen cinco días para subirse a un escenario y bailar.

Una semana para cambiar las cosas. Un pequeño plazo. Una breve coreografía pero una gran reto: mover a las personas cuando el mundo nos paraliza.

La danza obliga a estos jovenes a romper sus roles. La chica guapa deja de ser –de repente– la más admirada, el tímido da un paso adelante… Bailar les obliga a tocarse, a destrozar el espacio que les separa. Se tocan, se comunican, se sienten, se igualan. Cada uno sufrirá un proceso, un ritmo diferente, alguno no se liberará hasta el último instante.

Wilfried Van Poppel y Amaya Lubeigt son los coreógrafos. Dos bailarines profesionales que ha trabajdo con Pina Bausch o Susane Linke, las diosas de la danza-teatro alemana. Ahora han decidido trabajar con jovenes, con gente que nunca ha bailado. Cada semana un lugar y un grupo diferente. Empezar de nuevo. Este es su reto: cinco días, una clase de adolescentes, un microcosmos en el que sucede un pequeño big-bang.